Querido Ahijado:
Te escribo desde Miami. Hoy es un día soleado. En el cielo azul no hay una sola nube. Es invierno y hace frío. El viento acaricia las ramas de las palmeras. Frente a mí unos árboles me regalan su verde. Me tomé un descanso en el trabajo para escribirte estas líneas. Conocerte marcó mi vida. Ya había visto tus fotos, pero encontrarte tan alto y delgado fue una sorpresa. Tu voz ronca, como la mía, resultó ser una agradable coincidencia. Y ese dejo que tienes al hablar, la pausa que haces cuando se te hace una pregunta, Ah? Me acuerda de mí cuando tenía tu edad y no sabía que responderle a los adultos y ese Ah? era una pausa en el camino de mis pensamientos. Pasamos chévere en Barranquilla.
Me divertí mucho patinando contigo y tu hermana sobre el hielo en el irónico calor tropical. Quiero que sepas que cuentas conmigo y que te seguiré apoyando para que venzas las adversidades que la vida pueda depararte y para que logres las metas que te quieras proponer. Ojalá estés disfrutando la pelota de fútbol y el libro "Las brujas", de Roald Dahl, uno de mis autores favoritos. Aprovecha también los carnavales y el ambiente de fiesta que debe invadir a mi adorado terruño por estos días. Ya quiero volver a visitarte para verte bailar champeta con tus amigos. Bacano. Tu familia es muy bonita.




